Crecer, esa otra Pandemia
Ignacio Bianchi
Ser adulto y madurar no implica necesariamente el pasar de un pensamiento simple a uno complejo. Al menos eso me he dado cuenta estos días. El pasaje a ser "grande" tan solo consiste en aprender cientos de rituales sociales y reproducirlos lo mejor posible: aprender de memoria los diálogos y comportamientos automáticos que entretejen el día a día, interiorizar las reglas del juego del momento, profetizar las pautas morales de turno. Ser adulto hoy es ser una marioneta bien aceitada que sabe moverse al ritmo de las cuerdas sociales que lo sostienen. Por eso, cuando el flujo de lo cotidiano se ve violentamente cortado, en este caso por un virus, y la normalidad que hacía de titiritero se marea, muchos adultos pierden la compostura, la racionalidad, la sensatez y sacan a la luz la inmadurez inherente a sus pensamientos. De ahí se explican muchas de las conductas aniñadas e irresponsables que estamos viendo.
Son adultos bien entrenados con mentes de niños, con perdón de estos últimos.

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